Aranjuez

Aranjuez es una ciudad que ha atravesado los siglos en armonía, se posiciona en el presente con dinamismo y placidez a partes iguales y se prepara para el futuro a través de la reflexión. Aranjuez ha sido, es y será, una conversación fluida entre el ser humano y su medio.

Vemos Aranjuez como una ciudad que mira con orgullo a la Historia a la vez que se prepara para el futuro, como la prueba irrefutable de que es posible el mantenimiento de una armoniosa convivencia entre el pasado y el futuro. Esto es así porque lo nuevo se apoya en lo viejo, y lo viejo aflora en lo nuevo: no hay tradición sin progreso, pero tampoco hay progreso sin tradición.

Ya desde que Felipe II ensayara en Aranjuez la planificación arquitectónica y la ordenación del territorio que corresponden a un estado moderno en los reales sitios, Aranjuez supuso el acercamiento a la naturaleza y su dominio según los cánones del humanismo cristiano. Siglos más tarde, la población sirve de caldo de cultivo para Carlos III, el monarca ilustrado, que la empleará como laboratorio de ideas estéticas, agrícolas, ganaderas, científicas y sociales.

 

 

Y por último, siglos más tarde, en los albores del siglo XXI, la ciudad de Aranjuez rescata de su historia esa tradición de modernidad y de cultura humanista para encarar un desarrollo social y urbanístico inteligente, abierto, y respetuoso con el hombre y con el medio.